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    2019-06-12

    De cualquier modo, la fecha para votar la propuesta del cuatripartito latinoamericano fue programada para el 16 de mayo de 1949. Tras intensos días de discusión, donde se pudieron observar las claras diferencias existentes también entre los países de América Latina, el balance final fue de 26 votos g-quadruplex favor de la propuesta del cuatripartito y 15 en contra. Como era previsible, 12 países latinoamericanos dieron su voto favorable —Brasil, Bolivia, Colombia, Perú, Argentina, Ecuador, El Salvador, República Dominicana, Honduras, Paraguay, Nicaragua y Venezuela—, cuatro en contra —Guatemala, México, Panamá y Uruguay—, registrándose también la abstención de Cuba y Costa Rica. Finalmente, y esto es importante reseñarlo, la oposición del bloque de países soviéticos, comandado desde Moscú, acabó abortando la propuesta del cuatripartito latinoamericano, alno alcanzarse los dos tercios de los votos requeridos. En este sentido, y de la documentación reunida, nada como recupe rar aquel comunicado del 2 de junio de 1949 que, desde Río de Janeiro y con carácter confidencial, envió José Rojas y Moreno –representante diplomático de España en Brasil–, al ministro español de Asuntos Exteriores Alberto Martín Artajo. En el mismo, le confesaba su convencimiento de que el llamado “asunto español” en la onu desde hacía tiempo g-quadruplex había dejado de tener “carácter jurídico, para convertirse en sustancialmente político” y, en consecuencia, había dejado de ser tema importante al haber desaparecido la razón que, como tal, lo justificaba, esto es, “el peligro para la paz y la seguridad internacionales”. Reforzando este argumento, tan sólo unos días antes, el 30 de mayo, era el diplomático peruano, Carlos Neugans Ugarteche, quien escribía su carta al ministro Artajo, para compartirle sus impresiones tras su “viaje por toda América en el curso de los últimos meses”. Para la ocasión, estaba convencido de que los países que no tenían relaciones diplomáticas o comerciales con España, “modificarán urgentemente su conducta, enviando ministros y firmando acuerdos”. Empero, y de todos ellos, destacaba sobremanera la excepción de México, “donde el Gobierno tiene aún enquistado al grupo de exilados disolventes que minan la moral gubernamental de aquel país a cotyledon fuerza de subsidios”. Con estos antecedentes e impresiones, lo cierto es que el conflicto que para algunos países representaba mantener relaciones con la España franquista, pasando por alto las recomendaciones de la onu, quedó resuelto el 4 de noviembre de 1950, es decir, un año y unos meses después de la propuesta del cuatripartito latinoamericano en torno a la cuestión española. En esta fecha, la Asamblea General de la onu aprobó una nueva resolución haciendo dos importantes revocaciones que dejaban vacía de contenido, ahora sí, la controvertida resolución del 12 de diciembre de 1946: la primera, la recomendación de retiro de embajadores y ministros acreditados en Madrid y, la segunda, la encaminada a impedir que España fuese miembro de los organismos internacionales establecidos por las Naciones Unidas o vinculados a éstas. Y esto así, bajo el fundamento rector de que “el establecimiento de relaciones diplomáticas y el intercambio de embajadores y ministros con un gobierno no implica juicio alguno sobre la política nacional de ese gobierno”. De cualquier modo, y con esto ponemos el punto final a estas páginas, el comportamiento de las delegaciones de los estados miembros en las Naciones Unidas estuvo en consonancia no sólo con el difícil proceso de acomodación a las cambiantes circunstancias de la Guerra Fría, sino con el signo político e ideológico de los diferentes gobiernos que se fueron dando, sobre todo, en América Latina. Del filo franquismo de la Argentina peronista, al antifranquismo del México posrevolucionario, pasando por los vaivenes que, sobre la cuestión española, experimentó Costa Rica entre el gobierno del presidente José Figueres y el de su sucesor Otilio Ulate. De cualquier manera, y con el compromiso de abordar estas importantes cuestiones en otro manuscrito, significar que aquel debate de mayo de 1949 en las Naciones Unidas en torno a la Spanish question nos ha hecho recordar sobremanera a aquellas palabras del político y novelista francés André Malraux, cuando en su libro sobre la Guerra Civil española, intitulado La esperanza, se atrevería a confesar lo siguiente: “He visto cómo las democracias intervenían casi contra todo, menos contra el fascismo”.