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    2019-05-16

    La estructura del libro apuesta por plantear problemas, pero no por una solución única. De ahí que el desenlace de los capítulos previos sean dos re-flexiones distintas, pero complementarias: por un lado, la precaria fijación textual de un texto “condenado buy Wnt agonist 1 existir en una forma que me gustaría llamar coloidal”, fijado por “los editores (y, en su caso, los críticos)”, pero desarticulado de inmediato por “el sentido que siempre encuentra bifurcaciones” (92); por el otro, la posibilidad, pese a la voluntad explícita del crítico por apartarse de ella, de interpretar este proceso transformador desde la biografía del poeta y los episodios más conocidos: la homosexualidad, la locura, el intento de emasculación y el suicidio. Ambos finales son adecuados para un trayecto lleno de sobresaltos y desvíos: la inestabilidad textual y el flujo constante del sentido nos recuerdan que toda crítica es un esfuerzo por estabilizar algo que, en esencia, resulta inestable; la compleja vida de Cuesta avanza en paralelo con la complejidad de su obra poética y si una no explica a la otra, al menos resulta obvio que se entrecruzan más de una vez. representa una inmersión en el oscuro laberinto del , visto desde sus propias leyes poéticas, pero sin descartar un rico y sugestivo contexto filosófico que atraviesa el poema y lo nutre con nuevos sentidos. Un pertinente prólogo a uno de los poemas más herméticos de la literatura mexicana moderna que ilumina muchos de sus recintos más oscuros y conduce al lector de galería en galería para mostrarle que, todo aquello que en la oscuridad parece un enigma irresoluble, a la luz de la intención filo-sófica se transforma en el teatro de sombras de un espíritu sensible y delicado; sombras proyectadas sobre un escenario intelectual, aunque su origen resulte muy distinto. Si el representa un ejercicio magistral de inteligencia poética, el de Evodio Escalante propone una fuerza semejante, pero de signo contrario: las maniobras hermenéuticas para comprenderlo y fundar, sobre el nicho de la intelección, el del disfrute poético. Como señala el mismo Escalante en las primeras páginas de su estudio, “la verdad del goce es, sin dilación alguna, la verdad de la comprensión” (10).
    Luisa Josefina Hernández ha sido motivo de un gran homenaje, a integration través de diversos eventos y de un libro que, como su nombre lo dice, recoge la valiosa cosecha de toda una vida dedicada a la enseñanza y a la creación. , compuesto por varios trabajos donde se analiza y valora su obra, fue editado en 2011 por el Instituto de Investigaciones Filológicas, , bajo la responsabilidad de Felipe Reyes Palacios y de Edith Negrín Muñoz, investigadores de este Instituto y de la Facultad de Filosofía y Letras. El libro está dividido en tres grandes apartados, además de un ilustrador “Prólogo” por parte de los compiladores: la primera parte está dedicada a la Dramaturgia y a la Teoría Dramática, la parte II a la Narrativa; la III a los “Escritos de teoría dramática” de la propia autora y la IV incluye “Bibliohemerografía” tomada del . El primer texto de la parte I, dedicado a la labor teatral de Luisa Josefina Hernández, es “Un testimonio personal” de M. Aimée Wagner y Mesa, profesora de Literatura Dramática de la Facultad de Filosofía y Letras. Su texto empieza precisamente por recordar que Luisa Josefina Hernández habría optado por abandonar sus estudios de leyes y afincarse en el “oasis” de esta Facultad en la que pudo realizar sus “más íntimos y complicados deseos” (27) como bien expresaba la autora. Así, nos recuerda su periplo por los cursos de Arte Dramático y los destacados profesores con los cuales se formó, como fue el caso de Rodolfo Usigli y los amigos y compañeros de esa época (Emilio Carballido, Jorge Ibargüengoitia y Sergio Magaña), quienes constituyeron una generación de destacados escritores surgidos de Mascarones y “que dieron un nuevo auge a las letras en nuestro país” (28). Nos habla Wagner de la afición de la maestra a la lectura y la publicación de sus primeros textos a los 20 años, que dispararía toda una serie de participaciones literarias en diversas revistas y en el ámbito del teatro. Además de cuentos y artículos de crítica, la joven Luisa Josefina monta sus primeras obras, que llegan a obtener el reconocimiento de sus profesores, como lo fue , obra considerada una auténtica revelación. La capacidad creativa de Luisa Josefina la haría acreedora también a una beca otorgada por el Centro Mexicano de Escritores, entre 1951 y 1954.